CIENCIA Y RELIGION. LA BUSQUEDA DEL BALANCE.

La ciencia y la religión son dos instrumentos de la inteligencia y del espíritu que la humanidad ha usado para cuestionar y explicar la realidad que nos rodea. El tercero, y no menos importante, lo ha sido la filosofía. El ser científico o filósofo no significa, ad portas ni a priori, ser ateo.


En el sacerdocio católico ha habido extraordinarios hombres de ciencia que NO han tenido problema alguno para balancear su Fe con su necesidad de saber, cuestionar, investigar y admirar la extraordinaria creación que les rodea. De hecho, y ya en el siglo XX, y para no irnos hasta la Edad Media cuando la Iglesia Católica era la depositaria de todo el conocimiento científico, matemático y filosófico de Occidente, quizás el más brillante de todos lo ha sido Monseñor Georges Lemaitre, sacerdote belga que fue un genio matemático, astrónomo y profesor de física en la sección francesa de la Universidad Católica de Lovaina.​


Monseñor Lemaitre fue el primer académico conocido en proponer la teoría de la expansión del universo, ampliamente atribuida de forma incorrecta a Edwin Hubble. Además, fue el primero en calcular lo que hoy conocemos como la ley de Hubble-Lemaître y, así mismo, fue el que realizó la primera estimación de lo que hoy es una de las piedras angulares en cosmología: la constante de Hubble, la cual publicó en 1927, o sea, 2 años antes de que del mismo Edwin Hubble lo hiciera. Y su gran contribución: su teoría del "huevo cósmico" o "átomo primigenio" que hoy conocemos como la teoría del Big Bang, derivada de su análisis de las propuestas y ecuaciones de la teoría general de la relatividad de Einstein. Este genial sacerdote NO tuvo nunca problemas de Fe ni jamás renunció ni a su sacerdocio ni a su extraordinario afán de "saber", ni a su curiosidad científica ni jamás renegó del método científico.


Y así como Lemaitre, también han habido otros sacerdotes científicos que hoy trabajan y han trabajado, por ejemplo, en el acelerador de partículas del CERN, o que han llegado a ser directores de uno de los observatorio astrónomicos más antiguos del mundo: el Observatorio Astronómico del Vaticano, fundado en 1582 y cuyo actual director es el jesuita Guy Consolmagno; y con una sede alterna en Arizona, USA, donde trabajan sacerdotes con doctorados de las mejores universidades del mundo en astrofisica, astrobiología, astronomía y cosmología, haciendo honor a su lema "Scienza ispiratrice di fede" o sea, "La Fe inspirando la ciencia". Este lema me trae al recuerdo la amistad que sostuvieron Galileo Galilei (devoto católico, dicho sea de paso) con el papa Urbano VIII quien llamaba al de Pisa "come fratello"; y que intercedió a su favor por su teoría copernicana y le dedicó una poesía celebrando sus descubrimientos en los cielos. A Galileo, por su "condenable" carácter y soberbia, lo llevó a su condena su enfrentamiento con los fanatizados y obtusos cardenales de su época, no por sus grandes descubrimientos científicos. Por este error (la condena de Galileo) la IC - por medio del papa Juan Pablo II - pidió perdón.


Además tenemos, como ejemplo de la promoción de las ciencias, a la Pontificia Academia de las Ciencias cuyas raíces se remontan a principios del siglo XVII, patrocinada por el papa Clemente VII y refundada en 1936 para promover el progreso de las ciencias físicas, naturales y matemáticas y el estudio de los problemas epistemológicos relativos a ellas. A esa academia han pertenecido muchos de los científicos más brillantes del siglo XX - y actuales - como lo fueron Rutheford, Planck, Böhr, Schrödinger y Hawking. O sea, ateos y creyentes - varios de ellos galardonados con el Premio Nobel - en una misma academia, haciendo honor al discurso de que no hay conflicto ni oposición entre ciencia y fe; filón literario que ha sido muy bien explotado por mercaderes de la ciencia y del ateísmo.


Pero bueno, lo anterior son solo pinceladas de que lo uno (la Fe) no excluye lo otro (la ciencia, la filosofía, la razón y el método científico) y viceverza; y solo relativo a y desde la perspectiva del catolicismo, sin entrar en detalles de grandes científicos y pensadores protestantes, judíos, islámicos, hinduístas, budistas, sintoístas, etcétera.

Es una constante sintomática: cuando un ateo critica, critica solo al catolicismo y su institucionalidad (que claramente ha hecho cosas condenables, pues son seres humanos con sus pasiones y fanatismos los que interpretan la religión), pero deja por fuera otras religiones o filosofías religiosas. Es un hecho al que me he adherido desde que abandoné las frías "catacumbas" del ateísmo ya hace más de 40 años: la ciencia y la religión son dos instrumentos de la inteligencia humana que usa nuestra especie para explorar, descifrar y tratar de entender la realidad, tanto material como espiritual.


La separación o contradicción entre ambas no es más que una necedad de los fanáticos de ambas aceras.






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