SIRIA: UN CRIMEN ATROZ 2013

 

Por el momento, el ataque a Siria ha sido contenido por la intervención de la opinión pública mundial la cual, en su punto clave y culminante, desembocó en el voto negativo del Parlamento Británico contra la acción militar y, por supuesto, en el hecho de que el presidente Barak Obama haya supeditado (a pesar de su convicción de que el gobierno sirio cometió el crimen) su decisión de proceder militarmente a la aprobación del Congreso estadounidense. Esto no quiere decir que el ataque no se vaya a realizar, lo que quiere decir es que el pueblo de Estados Unidos, representado en su Congreso, será el que determine el procedimiento a seguir por su país. La intervención militar ya no está en manos del presidente de los EEUU, sino en manos de Capitol Hill.

Se pueden extraer varias conclusiones de lo acontecido en los últimos días. La primera es, sin duda, que el poder ha vuelto al pueblo y le ha sido cercenado al gobernante.  En otras palabras, ni el presidente de EEUU ni el primer ministro británico podrán actuar, de ahora en adelante, sin la aprobación de sus respectivos parlamentos. Lo que George Bush Jr. hizo al invadir Irak sin la aprobación del congreso no va a repetirse ni, asimismo, lo que Tommy Blair hizo en conjunción con George Bush Jr. tampoco podrá volverse a repetir. La vergüenza y la impunidad producto de la soberbia y ambición de Bush, Chenney, Rumsfeld, Rice, Wolfowitz, Powel y Blair, que basados en una mentira gigantesca, invadieron Irak y obligaron al planeta a ser testigo de una guerra que ya lleva 10 años y que no solucionó absolutamente nada, no volverá a repetirse o, al menos, no en este caso.

Tanto la ONU como el peso y la fuerza de la prueba han ganado una batalla. Y esta no es una batalla cualquiera. Es una victoria que bien utilizada puede traer réditos importantísimos al futuro de la humanidad.

En segundo lugar dio la oportunidad de observar al presidente Barak Obama hacer gala de una inteligencia y prudencia políticas poco comunes entre los gobernantes mundiales y, ciertamente, entre los presidentes estadounidenses de los últimos 20 años. El aceptar que la decisión sea tomada en concordancia con el Congreso es un paso muy firme en la dirección correcta para fortalecer tanto la democracia estadunidense, como su imagen internacional, tan venida a menos desde la invasión ilegal de Irak y desde la obvia actitud guerrerista y prepotente del gobierno republicano anterior a su administración. Asimismo, ha obligado tanto a Rusia como a China a ponerse a su nivel y cumplir su obligación en el Consejo de Seguridad de la ONU en caso de que las pruebas aportadas por el gobierno de Estados Unidos sean irrefutables. Obama ha sido un presidente profundamente criticado por sus compatriotas republicanos pero, con este y muchos otros casos de difícil decisión, ha actuado de forma brillante y consecuente con su discurso. La historia le hará la justicia que se merece.

Por último, y en mi opinión personal, las posiciones encontradas de los que estaban a favor y en contra de una acción militar contra Siria, han centrado su enfoque en el aspecto político y bélico antes que el humanitario. Es imperativo el determinar quién es el culpable de este atroz crimen de lessa humanidad en contra de más de 1400 víctimas mortales de este ataque con gas la noche del pasado 24 de Agosto. Hay que determinar de forma convincente e incontestable quien fue el perpetrador, el financiador y el ejecutor de semejante asesinato. Hay que determinar quién o quiénes fueron los culpables y castigarlos con todo el peso de la ley y con el más absoluto desprecio por parte de mundo entero. Por estar proponiendo consignas en contra o en favor del imperio (USA y UK, así como Francia, Turquía y otros miembros de la OTAN y las monarquías petroleras del Golfo Arábico), o en favor o en contra de aquellos que apoyan a Siria (Rusia, Irán y China), se ha desviado la atención del horrendo crimen que fue cometido. Por estar dogmatizados ideológicamente por un bando o por el otro podemos caer en el abismo de la indiferencia. Tal crimen, por su magnitud y crueldad, NO puede pasar a la historia de forma ignominiosamente impune. Sus víctimas reclaman justicia. El no hacerlo sería una absoluta vergüenza para la humanidad.

Por ahora ha prevalecido el sentido común y la fuerza de la opinión pública mundial. Eso no quiere decir que se deba obviar la atrocidad del crimen que fue el detonador de esta crisis. Eso, definitivamente, debe de ser castigado de forma ejemplar.

 

 

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