LA HERENCIA DE LA GRANDE NONA
Ella murió, víctima de la tuberculosis,
una fría y despejada noche de Noviembre de 1938. A los 61 años recién cumplidos.
A
pesar del
anonimato en el que vivió toda su vida (igual a la del que escribe estas
líneas), la grande nona amó profundamente a la humanidad, haciendo - y
probablemente sin saberlo - honor a su nombre: Alda. Ella fue una muy
noble humanista
católica en el sentido más puro y anti académico del término que, a
pesar de su escasa escolaridad, supo crear y educar lo mejor que pudo a
su enorme prole: 6 varones y 4 mujeres.
Hay
veces cuando,
ofuscado por un mal entendido sentido de la ausencia, del sentimiento de
culpabilidad del sobreviviente y desde la lejanía del
tiempo transcurrido, pienso que Dios la llamó para evitarle el
sufrimiento - y el desencanto - de
presenciar las insondables honduras de la maldad y la locura en las que es
capaz
de sumirse nuestra especie. Aunque estoy seguro que los intuyó pues pudo
atestiguar el advenimiento del fanatismo, la opresión y el militarismo
que impuso el fascismo de Benito Mussolini en Italia; y como la
mentalidad de millones de sus compatriotas había cambiado radicalmente,
transformando profundamente la cultura, la fisonomía y la empatía que
tradicionalmente había caracterizado a su Patria y su gente.
Me he
preguntado infinidad de veces cuál habría sido su pensamiento si hubiese vivido
y sobrevivido, en su natal Pietra Santa, a los horrores de la II Guerra
Mundial.
¿Habría
renegado de su alegría de vivir, de su fe en Dios y de su amor por la
humanidad?
No
obstante
mis cuestionamientos, con los años entendí y terminé admirando el hecho
de que la grande nona era, sencillamente, indomable. Ella fue una
poderosa y benéfica fuerza de la naturaleza. He aprendido a valorar,
especialmente ante
la complejidad de los tiempos que vivimos, la magnitud de sus enseñanzas
y de
su herencia existencial. Y estoy seguro que, ante mis preguntas, ella me
habría respondido con sus palabras favoritas en su dialecto toscano, el
mismo del
universal Dante Alighieri:
“Non importa quanto sia burrascosa una notte o quanto possa sembrare eterna; sempre la gentilezza di Dio ci darà la belleza è speranza di una nuova alba”. (“No importa cuán tormentosa sea una noche ni cuán eterna nos parezca; siempre la bondad de Dios nos dará la belleza y la esperanza de un nuevo amanecer.”)
“Non importa quanto sia burrascosa una notte o quanto possa sembrare eterna; sempre la gentilezza di Dio ci darà la belleza è speranza di una nuova alba”. (“No importa cuán tormentosa sea una noche ni cuán eterna nos parezca; siempre la bondad de Dios nos dará la belleza y la esperanza de un nuevo amanecer.”)
Estoy
convencido de que ni el inconmensurable dolor de haber perdido a toda su
familia en aquella hoguera de muerte y violencia, excepto a su esposo y
al único hijo sobreviviente - el mayor y que con el pasar de los años se
convertiría en mi abuelo - la hubiera convencido de lo contrario.
Y también
estoy firmemente convencido de la grandeza y lo universal de su legado ético y moral, el cual
atesoro y también delego con profundo amor, respeto y agradecimiento a mis
hijos, nietos y sus descendientes.

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