FLOR DE LOTO BLANCO
-¿Qué hay
más allá de estas paredes que nos rodean, Mario?
-¡El mundo, mi querido Erasmo!
-¿Y qué hay
en el mundo?
-
Hay vida,
hay amor y esperanza. Y también violencia, desigualdad, exclusión,
xenofobia y odio, mucho odio. Vivimos tiempos difíciles y confusos en
los cuales al amor no lo entendemos y a la esperanza constantemente la
traicionamos.
Nuestras capacidades, muy humanas, de conectarnos, de compartir y de
preocuparnos por los demás están siendo peligrosamente minimizadas en
una era
dominada por una globalización que, paradójicamente y a pesar de la
integración y desarrollo que ello implica, también ha potenciado el
individualismo, el hedonismo, la hipocresía, el autoritarismo, el irrespeto y, sobre todo,
el
relativismo moral. Vivimos tiempos materialistas, egoístas y vacíos.
Vivimos, dolorosamente, tiempos de intolerancia y de profunda crisis ética y moral.
-¿Cómo
puedes vivir en un mundo y un tiempo así?
-Ya
hemos,
como especie, vivido épocas similares. Desafortunadamente, no somos una
criatura particularmente aplicada para aprender las lecciones de la
historia.
Estoy seguro de que, eventualmente, superaremos esta oscuridad a un gran
costo y sacrificio, tal y como ya lo hemos hecho en el pasado. Y
volveremos a reconstruir nuestro destino desde nuestras cenizas. Esta
época es época de parto.
Yo amo este mundo, Erasmo, y la extraordinaria grandeza que hay en él. Y sé que la humanidad superará este trance y beberá - como siempre lo ha hecho - de las mieles de su indomable sangre. Yo vivo con esa fé y por esa esperanza.
Yo amo este mundo, Erasmo, y la extraordinaria grandeza que hay en él. Y sé que la humanidad superará este trance y beberá - como siempre lo ha hecho - de las mieles de su indomable sangre. Yo vivo con esa fé y por esa esperanza.
-¡Eres muy
optimista, Mario!
-Bueno,
sí.
Soy optimista porque he aprendido - con no pocas dificultades - a leer la historia, pero también
siento aprensión y tristeza porque entiendo que,
para sobreponerse a épocas difíciles como la actual, la humanidad - como
ya te dije - ha hecho grandes sacrificios, y en este caso no habrá de ser diferente. Y también te digo, con la
verdad en la mano y a modo de parábola, que yo pienso que la humanidad es como
las semillas de la flor del loto blanco, que son
muy longevas y capaces de germinar hasta 10 siglos después en
condiciones
normales. Y cuando florecen, lo anuncian con la belleza de la flor más
venerada
del planeta.
La humanidad, como la flor del loto blanco, volverá a
florecer.
-Debo decirte que yo no tengo ese nivel de optimismo pero, sinceramente, espero que
tengas razón, amigo.
-Créeme, Erasmo… ¡Yo
también!

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