APRENDER, DESAPRENDER Y REAPRENDER

 

I
 
 
En estos convulsos tiempos se hace absolutamente necesaria la capacidad de aprender a desaprender y a reaprender. Vivimos en una época globalizada, interconectada e interdependiente basada en la comunicación y el conocimiento. Esta época exige de nosotros el mayor esfuerzo para dejar de lado metodologías e ideologías aprendidas a lo largo de nuestras vidas que han perdido su vigencia o, por lo menos, su validez está siendo fuertemente cuestionada o en decadencia; y aprender y entender nuevos planteamientos, nuevas propuestas y nuevas alternativas que estén más de acorde con los nuevos, sofisticados, complejos y vigorosos desafíos sociales, políticos y económicos que moldean nuestro mundo y, por extensión y consecuencia, a nuestra Costa Rica. 

Nuestra época es una época compleja, de eso no hay la menor duda; y debemos de recurrir a toda nuestra capacidad y potencial para analizar problemas y crear soluciones que estén en concordancia con esa nueva realidad que hoy envuelve nuestras vidas, tanto a nivel individual como social.
 

II
 
 
Todas esas etiquetas tradicionales de izquierda o derecha o de centro, en el presente están siendo seriamente cuestionadas e, inclusive, algunas desechadas por obsoletas y, en no pocas oportunidades, están siendo diferenciadas y hasta disimuladas en posiciones que se visten con ropajes de neutralidad. Y no es porque hayan aparecido teóricos iluminados y reformadores de historia con nuevas y geniales propuestas. No, para nada. Esta época nuestra aún no tiene, desde el punto de vista estrictamente filosófico y académico, ninguna similitud con los grandiosos siglos XVIII y XIX; siglos de grandes y reformadoras teorías políticas, económicas, sociales e, inclusive, científicas. Esas mismas que hoy están siendo seriamente cuestionadas y, en algunos casos, hasta demolidas sin contemplación.  
 
Pero, cuando se analiza con seriedad y detalle, todas esas cimeras teorías nacieron a la sombra de profundas convulsiones sociales, económicas y políticas y que, por su naturaleza, fueron asimismo motores de los extraordinarios cambios que desembocaron en el siglo XX. La diferencia y signo de nuestros tiempos es el relativismo, sea éste político, ideológico pero, sobre todo, ético y moral. Y este relativismo, que a muchos no nos gusta pues consideramos que hay verdades éticas y morales inmutables, es el preámbulo del mundo que habrá de devenir cuando ese fanatizado furor amaine. Esta es la tormenta que lleva en su ADN la transformación del mundo, cuyo futuro - y a pesar de los sombríos signos que vivimos - personalmente dislumbro brillante.

III

Hoy, por suerte, estamos frente al amanecer de grandes y profundas convulsiones y transformaciones económicas, políticas, sociales, culturales, ambientales y científicas. Y esas transformaciones definirán este siglo XXI y, querámoslo o no, nos están obligando a desprendernos de las viejas concepciones y reaprender nuevas, complejas y sofisticadas formas de pensar y actuar porque - y es un hecho irrefutable -  nuestras instituciones y organizaciones sociales, políticas, empresariales, económicas y familiares también se han tornado más complejas y sofisticadas. Y hay que manejarlas con mayor precisión y efectividad en sus funciones productivas, económicas, financieras, tecnológicas y administrativas. Aventurándome a hacer una predicción, creo que muchas instituciones, como hoy las conocemos, o se modernizan o no sobrevivirán al empuje de las nuevas propuestas. Y eso, a mi juicio, está bien aunque esa transformación o desaparición vaya a ser un parto muy doloroso.

IV

El empuje que energiza toda esta transformación viene de un segmento poblacional que es masivo, con educación superior, con acceso y manejo de tecnologías sofisticadas, con un profundo sentimiento de insatisfacción e indignación por no tener un campo o espacio de desarrollo, ya sea porque el sistema es incapaz de crearlo o porque el sistema simplemente se lo niega. Esta transformación se gesta en la clase media mundial. No se gesta en los anillos de miseria alrededor de las grandes urbes, o en las empobrecidas zonas rurales africanas, latinoamericanas o asiáticas, o en las poblaciones semiesclavizadas en India o China o en estados fallidos como Somalia. No se gesta tampoco en los claustros universitarios reservados a las cerradas élites intelectuales y mucho menos se gesta en las élites corruptas políticas y financieras que dominan el mundo, que son, más bien, su objetivo específico más claro. Es un movimiento global que pide y exige una gran gama de cambios ya no solo estructurales, sino que también tritura añejas propuestas ideológicas y políticas. Es un cambio que, aun cuando parezca incipiente, ha llegado para quedarse y transformar nuestro mundo.

V

El mundo, en su complejidad actual, está cambiando. Y el cambio es bueno siempre y cuando la gran mayoría de la población se beneficie del mismo. Por ello, ante las inevitables exigencias de este cambiante mundo, debemos de reinventarnos. Dejar de lado nuestras viejas (que no son tan viejas) concepciones y aprender las nuevas propuestas. Debemos de estar informados, involucrarnos, participar y tener la mente abierta a las nuevas corrientes de pensamiento social, político y económico. Debemos de entender que hay propuestas éticas y morales que nacen de la necesidad vital de una sociedad en franca transformación que reclama dignidad y que está hastiada de las degradantes y ofensivas posiciones de las clases dirigentes, sean éstas políticas o no. Pero... nos es viable que se sacrifique la "verdad" en la concepción personal que cada uno tiene de ella. Cuando es de día es de día, no es de noche aunque para algunos esa sea su verdad y realidad. 
 
Debemos de aceptar que el visionario Alvin Toffler tenía razón al decirnos que “… los analfabetas del siglo XXI no serán los que no sepan leer y escribir… sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender...”  Y, con humildad, me atrevo a agregar que analfabetas serán también aquellos que no sean capaces de entender la magnitud de esta realidad y que, en consecuencia, se resistan a involucrarse. El ser parte de ello nos hace participes de la construcción del futuro que queremos heredarles a las generaciones que habrán de venir.


Nuestra sobrevivencia como sociedad depende de que comprendamos la magnitud de los cambios que enfrentamos.  No es fácil, pero aquellos que no lo hagamos nos convertiremos en fósiles vivientes y, eventualmente, enfrentaremos el asteroide de nuestra extinción…

M. Franceschi
Julio 7, 2013.
 
 Áreas de conocimiento: qué son y para qué sirven

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